jueves, 9 de febrero de 2012

Puedo predecir las reacciones de mi cuerpo que me dejarán en evidencia. 

Sé que se acelerará el pulso y que los latidos del corazón se dejarán notar en leves vibraciones de mi camiseta. Empiezo desde ahora mismo a inspirar,    espirar       inspirar         expirar... Y vuelta otra vez

Me temblarán algo las manos. Las froto con fuerza, launacontralaotra.    Intento    relajar   los   músculos, como si estuviera    muerta    e       inspirar       espirar          inspirar         expirar...   Una y otra vez.

Y la voz.      También me temblará la voz así que ensayo el discurso. Me lo aprendo de memoria. Lo digo con calma, introduciendo variaciones,       gestos de la cara,        movimientos de las manos y sigo inspirando      y espirando          inspirando y     sigo                   expirando...   Repitamos (otra vez)

Voy a decir ésto que no quiero que se me olvide 
Voy a dejar caer lo otro antes de tirar el puñal 
Un poco de humor negro... 
sí... 
así 
Bueno quizás éso es demasiado 
Un poco menos de humor negro 


No me tengo que repetir 


¿Será mejor así?

Sobre todo           que no se me olvide   inspirar              y espirar              inspirar y           expirar. 

Sobre todo éso



Y expiar

martes, 7 de febrero de 2012

Nana para pasar el día

En cosa de un mes y medio hemos ganado una hora de luz. Y, o bajamos las persianas a las 5, o nos sometemos a que el tiempo pase. Que vamos camino de mediados de febrero y el sol aguanta hasta las 6. Y que no hay forma de pararlo. Que cuanto más dure el sol ahí arriba... Las persianas con sus rendijas... Los niños con sus risas. Ahora el hombre ya no pasea a su perro cuando yo vuelvo. Casi no me cruzo con ningún vecino.

Yo antes era más de noche. Animal nocturno. Me poseía por completo esa complicidad automática de la gente que vuelve tarde por la noche a la misma hora. Por la noche hablas con el chico del bar al que siempre miras. Por la noche cantas lo que por el día escuchas. Y por la noche dices lo que durante el día piensas. La hermandad de la gente de noche. Ellos, mejor que nadie, viven, porque nadie mejor que ellos sabe que mañana siempre será otro día. La fidelidad absoluta de la gente de noche. La confianza ciega en la gente de noche. La desvergüenza. Quizás me gusta porque, por la noche todos los gatos son pardos y todos igual de miserables.

Por eso paso el día sigilosamente. Intentando no tocar nada que pueda resentirse. Hablando lo menos posible. No pensando a lo tonto. Poniendo todo el significado en pocas palabras. Ahorrando mi espacio y disminuyendo tu esfuerzo. Y, cuando llegue la noche, quizás escuchéis el alboroto. A ver qué rompo. A ver qué digo. Qué pienso. Cuando llegue la noche a ver a qué hora duermo. A qué hora canto. A qué hora vivo a qué hora mato.

sábado, 4 de febrero de 2012

Noches y velas

Las noches en las que, desde la cama, haciendo un gran esfuerzo por no levantarnos del nido, llegamos a alcanzar cualquier tipo de objeto que nos ayude con ese insomnio que parece que va a durar para siempre. Nos armamos con todo tipo de cosas: un libro, lo típico. El móvil, también. Una hoja y un boli, por si acaso. Un bote de crema ¿por qué no? Una botella de agua, para pasar el trago. 

Solemos hacer de estos objetos, las herramientas más utilizadas contra el insomnio. Valientes sufridores sumisos, sumidos en el silencio. Casi nunca es tan tan tan terrible como para ver amanecer. 

El libro arrugado entre las costillas. El boli casi nos saca un ojo. La botella de agua, afortunadamente, en el suelo. El móvil debajo de la otra almohada. Mis pies jugando con el bote de crema. Desafortunadamente, abierto. ¿Dónde está la hoja?

Empiezo a dudar si de verdad cogí una hoja. Quizás es un recuerdo predeterminado. El libro ha perdido el marcapáginas y no recuerdo haberlo abierto. El boli está destapado. Creí que no había escrito nada ¿Dónde está la hoja? 

Los objetos, al final, son los únicos que sobreviven a un insomnio.

miércoles, 25 de enero de 2012

Comodines para salvarse

"Retraso por la presencia de un ciervo en las vías" (SNCF)
"Hay mucha gente en Versalles hoy" (Marie Antoinette)
"Parece que ya está refrescando" (Tú)
"Anda que con esta crisis" (O yo)
"Pues ya tenía planes" (Éste)
"Te llamo pronto" (Ése)
"Voy tirando" (Aquel)
"Mhh!" (El del 3º)

lunes, 23 de enero de 2012

Me construí unas alas de cartón y voy a intentar llegar al sol aunque me muera de calor

Nunca - Zoé

domingo, 22 de enero de 2012

Un proyecto sería
someterse a la tierra
comer de tierra y de barro
vivir de ganas y viento
vivir de agua salada
vivir de nada

Reducirse a ganas
impulso pasiones
sueños y nada

Ganas y locura
y un eterno despertar
con las caderas clavadas en la piel
y los pómulos aprentando la cara

Proyecto de sentirse constantemente
incompleta
en la tierra en las ganas
de un eterno proyecto que no es
al final
nada

[24-octobre-2011]

No arriesgar

Hablar sin dejar que los sonidos entren en la boca
Hablar sin dejar que las palabras entren en la cabeza

No escribir para poder morir a gusto
No creer para poder vivir sin miedo
No parar para no perder el ritmo
No actuar para no ser cuestionado
No mirar para no ser visto
No vivir para salir indemne

[21-janvier-2011]

jueves, 17 de noviembre de 2011

De libros y louvres

          Primero fue la lluvia que cerró los puestos de libros de segunda mano donde iba a comprar "Entretiens avec Yourcenar". La culpa definitiva fue de un grupo de chinos ávidos de monas lisas. Que un grupo de chinos, comme si de rien n'était, se te cuele en la cola de un museo es un aviso mortal. Más vale retirarse a tiempo. Eso y la lluvia, ya estaba subida en el tren de vuelta. También el dolor de garganta, que quitó a la lluvia de Paris todas y cada una de sus toneladas de romanticismo. Esa lluvia rotunda. De gotas enormes que te empapan la cara en dos asaltos. Gotas enormes que se atreven a resbalar hasta la nariz y decidir, al borde del abismo, a qué comisura quieren ir a morir. 

          Esas nubes que nacen de la nada. Que, en el enganchar y cerrar el candado los enamorados turistas, aparecen y les bautizan. Y ellos están contentos porque son los angelitos del cielo de Paris y no otros los que les están meando encima.

          Allí dejé el libro y alguna sala que todavía no he visto. Ocupada por chinos sacando fotos que luego no reconocerán porque las cámaras de los chinos miran a las monas lisas pero los chinos miran a las cámaras. Pero allí estuvieron. En la sala de la mona lisa. O, en todo caso, en el museo donde está la mona lisa. O, al menos, nos colamos delante de una chica que iba a cometer la osadía de entrar ahí y no pasar a fotografiar la mona lisa.

          La osada estaba en el tren. Las nubes habían desaparecido. Ya sólo quedaba la lluvia en el suelo recuperando todo el romanticismo. Y la foto de la Mona Lisa en las cámaras de los chinos colones que cruzaban el Pont des Arts donde siguen los enamorados, ahora románticamente calados hasta los huesos, para ir a colarse delante de otro osado en la entrada del Musée d'Orsay.

[19-octobre-2011]